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martes, 5 de julio de 2011

Los Hombres Mas Bellos Del Mundo 2011

MUY LINDOS






Denuncian bibliografía homofóbica

El titular de la Delegación Provincia de Buenos Aires del Instituto Nacional contra la Discriminación , la Xenofobia y el Racismo (INADI), Pablo Roma, se manifestó en relación a una denuncia por homofobia, realizada contra una profesora de un colegio privado de la localidad bonaerense de Bella Vista. La docente, que dicta educación para la salud, esta acusada de enseñarles a sus alumnos que la homosexualidad es una enfermedad y que tiene que ser tomada como una desviación. La misma fue presentada ante el INADI por la Agrupación Nacional Putos Peronistas.
Al respecto, el titular provincial del organismo sostuvo: “Nos contactaremos con autoridades y docentes de la escuela y solicitaremos que eleven la bibliografía usada en la materia para que pueda ser analizada por el Instituto. Mas allá de esto hay que tener en claro que la asociación de la homosexualidad como desviación, anormalidad o enfermedad es parte del coro prejuicioso que estamos escuchando por estos días en que se está debatiendo la ley de matrimonio igualitario y es preocupante que se canalice por el sistema educativo”

Según la denuncia, el libro perteneciente a la colección "Aprendiendo a Querer", que habría utilizado la docente, afirma que la homosexualidad es una enfermedad como cualquier otra, además de referirse a las personas homosexuales como “enfermos”, “anormales”, “desviados”, y recomienda a los adolescentes la utilización de “tratamientos” para su cura.

Entrevista a Juan José Sebreli.

VIERNES, 24 DE JULIO DE 2009
Elogio del chongo
La conversación con Juan José Sebreli, uno de los intelectuales más provocadores del panorama argentino –fama que empezó a gestar desde su primer libro, en 1960–, sucede en el bar El Olmo, un lugar que es contraseña para los varones homosexuales que crecieron sin cuestionar el mandato del armario. Allí, junto a la ventana en la que suele sentarse, el autor de Historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires cuenta cómo acuñó la categoría de chongo, por qué abandonó el Frente de Liberación Homosexual que había fundado y por qué nunca se enamoró, todo sin dejar de tomar nota de un paisaje urbano del que ya siente nostalgia.





Por Patricio Lennard
Leyendo a los trece años a Oscar Wilde, y un poco después a Proust, se convenció de que la homosexualidad podía ser algo prestigioso. Pero, ¿de ahí a soñar con ser un escritor homosexual cuando fuera grande? No, por cierto. “Después de todo, ¿qué es ser un escritor homosexual? ¿Y qué es un escritor homosexual?”, se pregunta Juan José Sebreli, sin notar que la palabra ha concitado la mirada incómoda de una señora que ha sacado a su nieto a tomar el té esa tarde. Una escena que podría haberse derivado en la pregunta: “¿Qué es homosexual, abuela?”, y que ese señor de pelo blanco hubiera podido responder –parafraseando a Gore Vidal– diciendo que “homosexual” se trata de un adjetivo y no de un sustantivo.

Si algo no le falta a Sebreli es autoridad para hablar del tema. Para comprobarlo, basta leer su imprescindible Historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires, un extenso ensayo incluido en su libro Escritos sobre escritos, ciudades bajo ciudades, pionero en su género; o saber que en la década del ’70 fue uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual (FLH), la primera agrupación política de ese tipo que hubo en la Argentina; o transitar las páginas de su autobiografía, El tiempo de una vida, en donde homosexualidad es palabra dicha en primera persona. En ese libro, el ensayista cuya fama de provocador comenzó a gestarse cuando en 1960 publicó su primer libro, Martínez Estrada, una rebelión inútil –en donde se cargaba al autor de Radiografía de la pampa–, enhebra momentos de su formación intelectual (su ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras en 1949; su entrada al grupo de la revista Sur con apenas 21 años; su participación en la revista Contorno junto con David e Ismael Viñas; su amistad “existencialista” con Oscar Masotta y Carlos Correas) con aspectos de su intimidad sexual que principian en su infancia.

“La primera vez que oí hablar abiertamente sobre algo relacionado con la sexualidad, curiosamente, se refería al tema tabú por excelencia: la homosexualidad”, escribe Sebreli en El tiempo de una vida. “El desencadenante fue el escándalo de Miguel de Molina, cantor y bailarín español, detenido y expulsado del país por la dictadura de 1943. Tenía doce años y no escuchaba hablar de otra cosa, en la calle, en la escuela, en mi casa, en todas partes. Hasta mi madre, tan melindrosa, repitió delante de mí, como si nada, un chiste alusivo que circulaba en rueda de maestras.” Después vinieron, sí, las lecturas de Wilde y de Proust; los pantalones largos, la bohemia en la calle Viamonte y los amigos homosexuales, y el espíritu de flâneur que llevaría al joven Sebreli a recorrer los barrios apartados de la ciudad y a descubrir el frenesí de los “amores de paredón”. “La búsqueda no era solamente de chongos”, dice quien se jacta de haber acuñado en su libro Buenos Aires, vida cotidiana y alienación el estereotipo del muchacho joven, activo y viril, unas veces proletario, otras directamente lumpen, cuyo hábitat en su época clásica era el barrio de extramuros, los hoteluchos de Constitución o las pensiones del centro. “Era también el buceo de otras zonas, proletarias, por un lado, y de bajos fondos, por otro. El único medio que tenía para acceder a esas zonas eran los vínculos sexuales. Algo que también se da en los casos de Wilde y Proust, quienes pudieron salir del círculo cerrado en que vivían y conocer que existía el pueblo gracias al sexo. Había en mí una curiosidad sociológica. Un atractivo por zonas recónditas de la ciudad más que algo de índole sexual, diría. Porque los ligues eran en el centro. Uno iba a los barrios como en una excursión, pero el ligue, básicamente, estaba en el centro. En la calle Lavalle, en la calle Corrientes, en los cines lumpen, en los baños de las estaciones de tren. No había que irse muy lejos. A los chongos no se los iba a buscar a sus guaridas; ellos venían solos. Había un cine que quedaba en Parque Patricios, en las calles Caseros y Rioja, el Pablo Podestá, que era el summum del lumpenaje. Chongos en camiseta y chancletas que venían de las taperas de Villa Soldati y para quienes ‘las luces’ del centro estaban en Parque Patricios. Se encontraban cosas increíbles ahí, era todo muy selvático. Después estaba la desaparecida zona de cines de la calle Lavalle, los baños de los cines. Había tres o cuatro cines famosos, en donde había un desfile permanente y lo común era ‘hacer el ajedrez’, como se le decía en el argot de los habitués a cambiarse de butaca para buscar con quien desahogar el deseo. También había lugares gays donde se tomaban copas, e incluso alguno donde se bailaba, como el Anchor Inn, en San Juan y Paseo Colón, a comienzos de la década del ’70. Ahí se iba a levantar marineros. Era una época en que la llegada de un barco era un acontecimiento porque los marineros se desparramaban por la ciudad y los gays salían de cacería. Venían suecos, ingleses, alemanes, de todas partes. Aunque con el tiempo, lamentablemente, tanto los marineros como los barcos de carga fueron desapareciendo.”

¿Y qué era lo que más le atraía de esos chongos?

–Lo distinto. Yo me movía en un mundo de gays, el gay era lo cotidiano, y acostarse con un gay era como acostarse con alguien de la familia. No resultaba. No tenía el atractivo de lo exótico. De hecho, creo que lo que más me atraía de los chongos era lo exótico, no tanto lo viril. Eso está bastante bien representado en el famoso cuento de Carlos Correas, “La narración de la historia”, que es la relación de un muchacho de clase media, estudiante universitario, con un chongo de Constitución. Un vínculo que por el hecho de entrecruzar dos mundos tan diferentes está condenado a lo efímero, en la medida en que no se puede tener una relación duradera con un chongo, porque todo lo que hay de atractivo en el plano sexual desaparece en lo cotidiano.

Cual deus ex machina, un muchachito en ropa deportiva pasa por la vereda, inconsciente de su belleza, y a Sebreli se le van los ojos. En el bar El Olmo, en la esquina de Santa Fe y Pueyrredón, siempre se sienta en la misma mesa, pegada a la puerta. Un punto estratégico para el ejercicio de la mirada penetrante: el deporte favorito de los clientes gays de ese café al que Sebreli va habitualmente de tarde, con su anotador y sus lecturas de turno. “Ha desaparecido un hábito característico de la cultura urbana que es el paseo. La gente antes salía a pasear. Florida era un salón al aire libre, y ahí los gays encontraban su alimento. Florida de 6 a 9 era un lugar fabuloso. Hoy hay multitudes que caminan, pero nadie pasea. Santa Fe es la única que quedó como lugar nocturno. La esquina de Santa Fe y Pueyrredón es un punto de encuentro de taxi-boys, y también ves algunos turistas porque todavía figura en las guías de turismo gay, más allá de que el circuito se trasladó hace años”, reconoce con esa mirada melancólica que persiste en su rostro incluso cuando ríe.

“Yo nunca hablé de mi homosexualidad con mis padres. ¡No! De eso no se hablaba. Aunque seguramente lo sabían, porque nunca tuve novia. Mi familia se caracterizaba por evitar los dramas: si pasaba algo, miraban para otro lado. De hecho, yo también rehúyo las situaciones conflictivas. Sé que hay personas que me quieren y que son homofóbicas, y yo dejo que lo sean. Si alguna vez surge el tema, defenderé mi posición, pero no me gusta confrontar por motivos como ése. Además habría que ir peleándose con casi todo el mundo porque la homofobia sigue existiendo. La gente sigue siendo homofóbica, incluso los jóvenes, pero no lo dicen porque el paradigma actual sostiene que no es políticamente correcto. Después de todo, la aceptación pública de la homosexualidad no llega a medio siglo, y los prejuicios no se destierran de un momento a otro... Tenemos que conformarnos con que haya leyes que prohíban que esos prejuicios puedan ser activos, pero, ¿cambiar la mente humana? Eso va llevar mucho, mucho tiempo.”

No obstante, en algún lado dice que la discriminación es algo que está condenado a desaparecer. ¿Sigue pensando lo mismo?

–La discriminación social, sí. Aunque puede haber retrocesos. Uno nunca sabe. Fijate lo que era la República de Weimar: la libertad que existía allí era la que hoy podría existir en cualquier sociedad avanzada. Pero luego vino el nazismo, los campos de concentración, la persecución y asesinato de homosexuales. Es difícil que hoy se vuelva a dar una situación semejante, pero no se descarta. En realidad, a lo que me refiero es a la discriminación desde un punto de vista legal, porque la discriminación como una representación de la conciencia y como acto individual continúa existiendo.

Sartre pensaba que el antisemita es el que define al judío. ¿Se podría decir lo mismo con respecto a la homofobia?

–Sí. Creo que la homofobia es lo que define al homosexual. El homosexual como tipo humano, como estereotipo, es una invención del homofóbico. Ciertas características del homosexual no existirían en una sociedad sin discriminación. Y esto se ve en cómo las teorías gays han sido influenciadas por las teorías feministas, que fueron un poco anteriores. Existen dos teorías opuestas: la “teoría diferencialista” y la “igualitarista”. La igualitarista sostiene que las diferencias son producto de la discriminación: cuando no hay discriminación, el homosexual está totalmente integrado en una sociedad común, y la diferencia entre ser homosexual y ser heterosexual es casi lo mismo que tener ojos azules o negros. Si uno habla de las diferencias entre el varón y la mujer, hay variables de orden biológico, no cultural, ya que las diferencias culturales fueron creadas por una sociedad que es discriminadora y sexista. Lamentablemente, en los movimientos gays hoy predomina bastante la concepción diferencialista, que es la que piensa que hay una comunidad homosexual, que tiene sus valores propios, a los que hay que reivindicar, etcétera, etcétera. Pero, ¿cuáles son esos valores propios? Pensemos en lo que ocurría con el racismo en los Estados Unidos: mientras que los racistas fanáticos creían que había que matar a los negros, los racistas moderados decían que había que darles educación, salud y otros derechos, pero separados de los blancos. Hoy el presidente de los Estados Unidos es negro y está todo mezclado. Y así es como debería ser: tendría que haber un presidente homosexual y no importarle a nadie si es homosexual o no. Y ahí el modelo es Simone de Beauvoir y su libro El segundo sexo. De Beauvoir era igualitarista. Más aún: llegó a decir que la mujer liberada tenía que integrarse al mundo del varón porque los valores eran los del varón y no los de la mujer. ¿Cuáles eran los valores de la mujer? Los del hogar, el cuidado de los hijos. ¿Cuáles eran los del varón? Los de la acción, la política, el trabajo, la intelectualidad. Valores que aunque hayan sido apropiados en un principio por los hombres, son los verdaderos valores. Una idea que aún hoy horroriza a más de una feminista.

Tendencias inadmisibles

El triángulo rosa invertido con el que se distinguía a los homosexuales en los campos de concentración nazis fue el emblema que eligieron esos jóvenes que una tarde de agosto de 1971 se reunieron en un departamento de la calle Rioja, cerca de Plaza Once, con la idea de crear el Frente de Liberación Homosexual, el cual sería conocido por sus siglas FLH. “Yo estuve entre los creadores del FLH y eso es algo que reivindico –dice Sebreli–. Pero después el propio FLH empezó una desviación hacia el castrismo y, lo que es peor, hacia el peronismo de izquierda, con la que no estuve para nada de acuerdo. “Yo me bajé antes de que el FLH se autodisolviera. Primero tuve un problema con el periódico que sacábamos, que se llamaba Homosexuales, para el cual había escrito una nota sobre los UMAP (Unión Militar Ayuda a la Producción), que eran los campos de concentración en donde encerraban a homosexuales en Cuba, y que no me publicaron. Al poco tiempo, el grupo que encabezaba Néstor Perlongher se hizo peronista. Algo inadmisible porque el peronismo era homofóbico, ¡los montoneros eran homofóbicos! Fueron a Ezeiza a recibir a Perón con la banderita del FLH, con los carteles del Frente, y eso sirvió para que la derecha dijera de los montoneros que eran putos y drogadictos. Los propios montoneros llegaron a fusilar a dos compañeros homosexuales porque consideraban que los homosexuales eran ‘apretables‘, según la jerga que se usaba entonces. Esto me lo contó Silvina Walger, que era militante montonera. ¡No podés defender los derechos humanos de los homosexuales y ser castrista y montonero! La Cuba castrista ha sido de los máximos enemigos de los homosexuales. El Che Guevara y Fidel Castro eran dos homofóbicos totales.”

Más allá de sus discrepancias, ¿cómo recuerda el espíritu de esos jóvenes?

–Al principio éramos todos intelectuales. Se intentó hacer una cosa muy ambiciosa, que quedó en la nada porque el militantismo lo arruinó todo. Ese afán de estar con los guerrilleros y con la moda... En fin. La gente seria como Blas Matamoro y otros intentamos hacer una encuesta tipo Kinsey sobre los homosexuales argentinos. Era una tarea seria, pero que a los otros no les interesaba. En lugar de eso, querían ir a la Plaza de Mayo. Y esa encuesta, que se había empezado a realizar, finalmente quedó en la nada, como tantas otras cosas. Se discutían ideas, se pretendía hacer una tarea de elaboración teórica de esclarecimiento... Pero el militantismo de la época no lo permitía.

¿Y con Perlongher cómo se llevaba?

–El era un tipo muy inteligente, pero tenía una desviación: se dejó llevar –en parte, por lo joven que era– por la moda cultural de la época. Primero por el montonerismo y el peronismo de izquierda, y después por el post-estructuralismo. El libro que hizo sobre la prostitución masculina, que es excelente, tiene dos influencias que son contradictorias. Una es la de la escuela sociológica de Chicago, que es una escuela de la década del ’20 que estudiaba los grupos marginales. Pero eso lo mezcla con el pensamiento de Foucault y Deleuze, que no tiene nada que ver y es bastante confuso. Lamentablemente Néstor murió muy joven y en los últimos años se había deteriorado muchísimo, al punto de terminar en una secta religiosa afrobrasileña. Era un tipo de una gran inteligencia, pero no llegó a dar todo de sí por su muerte prematura; y su obra, pienso, no es tan extraordinaria como algunos pretenden. La parte mística, religiosa e irracionalista de Perlongher no la reivindico, aunque sí La prostitución masculina. Y todos esos cuentos, que se han hecho después tan populares, como “Evita vive”... Es algo bastante arbitrario. Evita aparece como una especie de personaje dionisíaco cuando en realidad era una mujer completamente fría, casi asexuada. El sexo había sido una herramienta de ascenso, pero no mucho más. La verdad, no sé dónde él le vio lo dionisíaco.

Decir nunca

La palabra “promiscuidad” sale de su boca de pronto, pero ya no está la señora pacata en la mesa de al lado. “Reinaldo Arenas reivindicaba la promiscuidad como un acto político de protesta contra la sociedad represiva”, comenta Sebreli, y no es difícil advertir que él está de acuerdo. “Si bien soy partidario del amor libre y no de los matrimonios, no me opongo al matrimonio gay como tampoco al heterosexual, siempre y cuando el matrimonio gay sea exactamente igual que el matrimonio hétero. Pero hay que tener cuidado de no confundir la asimilación con una posición conformista hacia la sociedad actual”, alerta quien en El tiempo de una vida confiesa que nunca estuvo enamorado y que disfrutó siempre de las relaciones casuales. “Yo nunca estuve enamorado. Nunca estuve enamorado de nadie. A lo sumo, las relaciones un poco más duraderas que tuve fueron con gente de clase media baja. Los lumpen me atemorizaban un poco. El chongo lumpen era para probar una vez y nunca más porque eran peligrosos. Pero sí gente de clase media baja, muchachos de barrio, que estaban un poco en el límite de una vida convencional de familia. Y siempre bisexuales. Los tipos que realmente me han gustado eran bisexuales. Homosexual, casi ninguno. Tampoco fueron exitosas mis relaciones con gente de clase media y mucho menos si eran intelectuales. El ejemplo más claro es el affaire que tuve con Carlos Correas. Ambos coincidíamos en que dos intelectuales en la cama son como dos focos luminosos enfrentándose. Existía, sí, el modelo de pareja que encarnaban Simone de Beauvoir y Sartre por aquellos años, pero después se supo que era todo un invento. Ellos nunca habían tenido una relación sexualmente exitosa. Incluso, mucho antes de que las cartas que lo comprobaron salieran a la luz, yo no podía imaginármelos acostándose. De Sartre se notaba que era básicamente un franelero, un froteur (por algo en El ser y la nada hay todo un capítulo dedicado a la caricia). Lo que menos le interesaba a Sartre era el coito. Y Simone recién conoció su primer orgasmo con Nelson Algren, su amante, que era una especie de chongo. Un norteamericano duro, alcohólico, nada intelectual aunque fuera escritor, con quien Simone alcanzó la plenitud sexual que no tuvo con Sartre. Un cuadro de situación que coincide bastante con mi teoría de que en el terreno sexual hay que buscar lo opuesto, lo diferente. Pero bueno, obviamente es una cuestión de gustos.”

La explicación que da de por qué nunca pudo enamorarse en su autobiografía es por ser tan racionalista. ¿Renunciar al amor puede ser una elección? ¿De qué modo uno puede defender el derecho a no amar, la posibilidad de no ser amado?

–Pensar que quien no ha tenido pareja es un frustrado es lo mismo que decir que un homosexual es un frustrado al lado de un heterosexual. El prejuicio contra el tipo solo, contra el “solterón”, y la idea que identifica la soltería con la neurosis es algo que hay que combatir, al igual que el mandato de la pareja monogámica, fiel e indisoluble, que es algo que responde más a dogmas religiosos que al deseo, o al amor incluso.

En ese prejuicio del que habla está la idea de la vejez homosexual en soledad. Una representación que es claramente homófoba, pero que a su vez constituye una situación relativamente habitual entre los gays mayores.

–Cuando uno es viejo, es más dificultoso tener relaciones, y más aún si a uno le gustan los jóvenes. Yo no me acostaría con alguien de mi edad y entiendo que a la gente joven le guste, por lo general, la gente joven. A mí también me gustaban los jóvenes cuando era joven. Y no me siento discriminado por eso, porque es un deseo legítimo en el fondo. Diferente es cuando se ridiculiza con esa excusa al “viejo libidinoso”. Antes te tildaban de “carroza”, que era el término despectivo que se usaba para referirse al viejo que buscaba levantarse jovencitos. Pero a decir verdad hay una minoría de muchachos a los que sí les gusta la gente grande. El otro día leía que el gran politólogo Giovanni Sartori ha iniciado, a los 85 años, una relación con una mujer mucho más joven que él. Un caso que no es para nada excepcional, si se tiene en cuenta que Goethe tenía a los 72 años amores con una joven de 17, y que Victor Hugo siguió teniendo múltiples relaciones sexuales con mujeres jóvenes hasta su muerte. A los 75, André Gide registraba en su Diario encuentros con jóvenes cuando ya creía que eso no volvería a ocurrir, y pedía “permanecer carnal y deseoso hasta la muerte”.

De hecho, hay estudios que demuestran que el deseo no desaparece nunca en la vida de un individuo, salvo por razones de enfermedad, y que sólo se extingue con la muerte.

–El deseo sexual no desaparece, aunque las funciones genitales disminuyan. Se puede llegar a un intenso orgasmo, aun sin eyaculación ni erección, y las limitaciones corporales se compensan con la imaginación y la fantasía. El sexo en la vejez muestra que en el deseo predomina la conciencia. Todo el cuerpo, y ya no sólo los órganos genitales, se erotiza y el acto sexual se vuelve más variado y polimorfo que el monótono coito. Se enriquece con juegos, imágenes y sensaciones; se afirman tendencias como el fetichismo y el voyeurismo, consideradas perversas por el prejuicio. En el capítulo I del libro de “Los reyes” del Antiguo Testamento hay una insólita página sobre el erotismo en la vejez. El rey David estaba viejo y aunque lo arropaban no podía sacarse el frío. Sus servidores le buscaron entonces a una hermosa doncella, que se acostó desnuda junto al rey, y fue el íntimo contacto de los cuerpos lo que hizo que el rey ya no tuviera frío. Entre sus muchas falsedades y maldades, algunos fragmentos de la Biblia pueden ser un espejo de la vida real, por cierto. Nadie duda, de hecho, de que siempre va a ser mejor un chongo que una bolsa de agua caliente...

FUENTE: PÁGINA 12

lunes, 4 de julio de 2011

CÓMO DESENAMORARSE EN SAN PEDRO


1. Fuerza de voluntad, es primordial tenerla para comenzar el proceso de olvido. De nada sirve que alguien te de consejos, si por cada paso que das te detienes a recordar con ilusión o nostalgia a la persona que nos está jodiendo la existencia. Recuerda que lo que queremos aquí es OLVIDAR.

2. Eliminar toda forma de contacto posible. Así es, debemos eliminarlo del msn, borrar sus números de teléfono o celular, sacarlos del Facebook o cualquier tipo de red social que usen. Si tienen amigos en común, pues mala suerte, hay que evitarlos por el tiempo que sea necesario. Y si es tu vecino(a) o estudia contigo, pues es tiempo de considerar reajustar tus horarios o cambiarte de carpeta para evitar su presencia.

3. Maximizar sus defectos. Este es uno de los puntos más importantes, deben saber que todos los sentimientos son producidos por la compleja y traicionera mente humana. Si se ponen a pensar fríamente, uno se comienza a enamorar cuando idealizas a la otra persona, ya sea por su físico o cualidades. Entonces, hay que hacer lo mismo pero al revés. No quiero decir que pienses con el culo, no hay que ser idiota, no es eso. Simplemente hay que buscar sus defectos, por más pequeños que sean y hacerlos parecer graves. Es 100% efectivo.

4. No conservar recuerdos. Queda totalmente prohibido guardar fotitos y regalos en una ridícula caja con forma de corazón o algo parecido. Hay que ser radical, cualquier cosa que nos traiga algún recuerdo positivo va a hacer que los puntos anteriores fracasen.

5. No te Auto-Hipnotices: Deja de escuchar canciones de amor sufrido y malherido. Esas canciones que te repiten una y otra vez que eres un miserable y que no eres ni vales un rábano si no tienes a esa príncipe maravilloso y sin defectos a tu lado.

6. Recurrir a la música y películas. Pero no cualquier canción. Repito: nada de escuchar baladitas cortavenas que lo único que consiguen es deprimirnos más y recordar una y otra vez; tienen que ser canciones con despecho, del tipo Yo te odio y sin ti estoy mejor. Las películas tienen que ser Gore, de esas donde destripan y torturan a los protagonistas, ya se imaginarán que deben visualizar a la persona a olvidar en cada muerto o mutilado.



7. Buscar a los amigos. No importa si eres hombre, mujer o alienígena; tus amigos siempre estarán de tu parte y son de gran utilidad para reforzar el punto 3.

8. Sal y diviértete: ¿Quién te dijo que pasarías esa etapa de depresión dejando a un lado todo lo que te gustaba y te motivaba? O sea, sufres de amor, y además de eso, evitas divertirte, evitas salir, y evitas hacer las cosas que te gustan y te motivan. Joder ¿Juegas a tu favor, o contra ti mismo?

9. Ir de Shopping. ¿Qué creen que es lo que hace una chica después de terminar? Ok, es cierto, primero lloran y luego se ponen a comer helados o chocolates. Después salen de compras, es cierto que puede ser algo frívolo, pero el consumismo puede llenar todo tipo de vacíos.



10. Un clavo saca otro clavo. No se trata de utilizar a otra persona, no hay que verlo de esa forma. Simplemente es bueno conocer a otras personas para darnos cuenta que ese mal amor no es la única persona que existe en el mundo. Recuerda que todo vale a la hora de olvidar y no se les ocurra buscar a alguien que se parezca al ex.

11. Piensa y desengáñate: Es común, muy común, pensar que no hay una persona igual a la que queremos en todo el mundo. Creer que nunca encontraremos a una persona tan especial y que nada, nunca, volverá a ser lo mismo. Caray, hace falta pensar un poco, allá afuera, no en tu casa, no en el msn, no en el chat. Allá afuera, en la calle, en la vida real, hay millones de personas ¿Cuáles son las probabilidades de encontrar una persona igual a la que queremos? Honestamente, muy pocas. Pero, hagámonos otra pregunta ¿Cuáles son las probabilidades de encontrar a una mejor a la que queremos, una persona con la que congeniemos más y que haya más química? Tomando en cuenta el crecimiento poblacional en el planeta, y que, obviamente, allá afuera hay millones de personas, pues tus probabilidades son gigantescas. Sal, conoce a 1000 personas más.

12. Deja de creer que la vida es una novela rosa: Deja de planear un encuentro mágico y maravilloso donde tú dices unas cuantas palabras mágicas, esa persona te dice que te ama, y los dos terminan haciendo el amor en una isla desierta bajo la sombra de un eclipse solar. Si podemos hacer las cosas bien, acertar en donde hemos fallado, si podemos lograr lo que nos proponemos, si podemos cambiar, si podemos reconquistar, si pueden volverse a enamorar de nosotros. Pero eso, es cuestión de actitud, no de palabras, no de flores y chocolates. Una frase vacía escrita en una hoja de oro, sigue siendo una frase vacía. Una frase profunda escrita en una hoja maltratada y vieja, es una reliquia. Tú eres esa frase, lo demás, es la hoja.



13. No te tengas lástima ni autocompasión: Soy viejo, soy fea, estoy gorda, soy pobre, soy pelón, soy bajita. Quizás eso no se puede cambiar, pero si le sumamos tu lástima por tu mismo, serás un viejo triste, una fea triste, una gorda triste, un pobre triste, un pelón triste, o una chaparrita triste. Perdona que sea un poco rudo, frío, o directo, pero no debemos ser tan egocéntricos, no somos los únicos feos, pobres, gorditos, o viejos en el mundo. Hay muchos más, pero con lástima por nosotros mismos, somos de esas personas cobardes que no se atreven a luchar y remar en contra de la marea.

14. Hacer un análisis de todo lo vivido. A estas alturas, si has seguido los pasos anteriores, ya debes estar preparado emocionalmente para pensar en las cosas buenas y malas que has pasado por esa persona sin sufrir. Si te pones depre y lloras en este punto, buscas a un amigo(a) y le pides que te de una megapatada en el culo, luego repites los pasos anteriores. Joder, que ya he dicho que todo radica en la fuerza de voluntad.


15. Da vuelta a la página: Yo no voy a decir que no estés triste, que no extrañes, que no llores. Llorar es bueno, es bueno liberarnos, desahogamos. Así que si en verdad te sientes MUY, MUY MAL, ve a tu recámara, apuñala a tu almohada, córtate un mechón, arráncate una uña, pícate un ojo, grita, llora y patalea toda la noche. Pero al otro día tempranito, párate, báñate, y sal, porque todo este tiempo, el mundo ha girado sin ti.



Y Aquí les dejo con un gran tema que les puede ayudar a darse cuenta de lo que uno hace y a lo que uno puede llegar a hacer en su vida sin darse cuenta...


Pulp - Like a Friend (sub español).flv

martes, 21 de junio de 2011

Sida - El asesino silencioso que no se ve a simple vista

ENTREVISTA A MICHAEL S. GOTTLIEB: EL DOCTOR QUE ATENDIO LOS PRIMEROS CASOS DE SIDA HACE TREINTA AÑOS

Michael S. Gottlieb era un especialista en Inmunología cuando llegaron al hospital de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), donde trabajaba, los que después se convertirían en los primeros pacientes (y víctimas) del sida. Él tomó la decisión de avisar a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, lo que llevó a la publicación del informe sobre estos primeros enfermos en su boletín epidemiológico, hace hoy 30 años




¿Qué recuerda de los primeros enfermos?
Recuerdo más a estos pacientes hace treinta años, que a los que acabo de ver el día de ayer. El primero ingresó en enero de 1981 con una neumonía precedida de pérdida de peso. Se llamaba Michael, era homosexual y muy agradable. Después, médicos locales nos mandaron algunos casos más muy similares. Todos murieron antes de un año.

¿Eran conscientes de lo que les sucedía?
No. Notaron que sus médicos estaban hechos un lío pero no fueron conscientes de que tenían una enfermedad del sistema inmunológico que iba a ser mortal. Michael estaba convencido de que le íbamos a poner una inyección y se iba a sentir mejor, no estaba nada preocupado. «Ronald Reagan tardó siete años en pronunciar la palabra sida’»







¿Y cuándo empezó usted a pensar que se trataba de una enfermedad nueva?
Después de tres casos, sabíamos que estábamos ante algo nuevo, digno de ser comunicado a las autoridades sanitarias. Sentía que iba a ser un hito médico, aunque nunca imaginé que aquellos pacientes serían los primeros de cerca de 30 millones de muertos.

¿Cómo recibieron la noticia las autoridades sanitarias?
Yo sabía que iban a estar interesados, porque lo que estábamos viviendo era muy dramático. Hubo un dato curioso, y es que nos cambiaron el título del artículo. Nosotros habíamos puesto Neumonía por pneumocystis en homosexuales de Los Ángeles y ellos eliminaron la palabra “homosexuales”. En ese momento, la enfermedad estaba restringida a los gays, pero sin duda la decisión de los CDC fue la correcta: en menos de un mes rastrearon Nueva York y San Francisco y encontraron casos del síndrome en heterosexuales. Sigo sin saber por qué quitaron la descripción antes, si pensarían que iba a ser percibido negativamente o qué.







EL SIDA NO EMPEZO CON LOS HOMOSEXUALES

¿Por qué se vio sida antes en los homosexuales?
Es un mito que el sida empezara en los homosexuales. El VIH vino a EEUU de África en los sesenta. Lo que pasó es que a finales de los setenta se vivió una liberación sexual que hizo que los gays practicaran el sexo con muchos compañeros distintos. El sida probablemente se introdujo en la comunidad homosexual por accidente, seguramente por compartir agujas. Pero una vez que entró se expandió rápidamente, por ese clima cultural que se estaba viviendo.

¿Usted pensó entonces que iba a haber una cura?
Sí. Al principio pensé, ingenuamente, que el ataque al sistema inmunológico sería temporal, como ocurre con el virus del resfriado común, para el que tampoco tenemos tratamiento. Cuando a finales de 1981 todos nuestros primeros pacientes habían muerto, me convencí de que no iba a ser así. Los primeros 15 años fueron un drama, hasta que, en 1987, se descubrió que el AZT [un viejo fármaco para el cáncer] retrasaba las infecciones. Esto fue la prueba de concepto necesaria para saber que se podía desarrollar un fármaco para el VIH, y lo que hizo a la industria farmacéutica estar más interesada.







Usted fue el médico de Rock Hudson. ¿Le animó a hacer público su caso?
Rock Hudson me dejó confirmar su caso si hacía algún bien. Fui su médico más de dos años. Él no quería ser recordado como el primer famoso con sida. Yo le envié a París a probar un fármaco experimental y se desmayó en el hotel Ritz. Alguien vio cómo se lo llevaban al hospital y se filtró el rumor de que tenía sida. Cuando volvió, ya estaba muy mal y yo le pregunté si podía confirmarlo. Él me dijo: “Si crees que hará algún bien, adelante”. Nunca podría haber imaginado todo el bien que hizo. Su caso marcó un antes y un después, hizo falta que él muriera para llevar el problema a las casas.

jueves, 14 de abril de 2011

En San Pedro nos llueven agroquímicos del cielo

Encontramos en Internet algunas similitudes con lo que pasa en nuestra ciudad, venimos advirtiendo desde hace un año en nuestro Blog




Lluvia agroquímica

Por Carlos Carabelli

Sr. Director:



El s�bado pasado (27 de febrero), alrededor de las 16,30 hs, un avi�n fumigador vol� a escasa altura por encima de las quintas ubicadas en la calle 2, en direcci�n sudeste-noroeste. Le recuerdo que las leyes provinciales proh�ben que los aviones de este tipo sobrevuelen los centros poblados y que una ordenanza municipal define la zona de quintas mencionada como parte del centro poblado de Trenque Lauquen.

No es una novedad que este avi�n, de color amarillo mostaza, gran tama�o y con los inconfundibles picos para la aplicaci�n de agroqu�micos sobre la parte posterior de las alas, sobrevuele nuestra quinta. Lo asombroso es que, esta vez, llevaba uno de sus picos abiertos e iba fumigando todo a su paso.

Menos de una hora despu�s, un vecino indignado se present� en la pista de la firma a la que pertenece el avi�n y dialog� con el piloto.

Voy a recrear el di�logo, porque es a la vez pat�tico y alarmante.



Vecino: ?Reci�n pasaste con el avi�n a menos de 200 m de altura.?

Piloto: ?S�, lo que pasa que cuando el avi�n va cargado cuesta mucho que tome altura.?

Vecino: ?Pero ibas con un pico abierto.?

Piloto: ?Y? bueno? tengo que controlar muchas cosas? que no se me cruce un planeador, la computadora? Me puede pasar que quede un pico abierto. Pero no te preocupes, que no era un insecticida: era un fungicida?.

Vecino: ?Pero vos no pod�s pasar por ah�. Est� prohibido.?

Piloto: ?Mir�: a m� me indican que haga el camino m�s corto al campo donde tengo que hacer la aplicaci�n. Yo no puedo dar siempre la vuelta (N: por fuera del centro poblado). De todos modos, voy a tratar de acordarme la pr�xima vez y no pasar por ah�.

Vecino: �Pero est� prohibido!

Piloto: (ofuscado): A m� me mandan. No ten�s que hablar conmigo, sino con el due�o de la empresa.



Cabe destacar que el fungicida, pretendidamente inocuo por el piloto, no lo es. La mayor�a de los fungicidas est�n altamente sospechados o son probados cancer�genos.

Tambi�n quisiera destacar que este avi�n (inconfundible por el ruido, el color y el tama�o), pasa usualmente por encima del �rea complementaria, lugar de numerosas quintas donde vive gente de manera permanente. Y no es el �nico, hay otros aviones que hacen recorridos similares.

Adem�s, esto sucede en momentos que la Municipalidad ha convocado una Mesa Consultiva y promueve acciones para mejorar el manejo de agroqu�micos y envases. Da la sensaci�n que este aeroaplicador que aqu� denuncio hiciera un rotundo corte de mangas a la propuesta del Municipio.

Debido a que tengo un intenso sentimiento de indefensi�n, propongo a la Direcci�n de Medio Ambiente que habilite una l�nea especial para que la gente denuncie a los aviones fumigadores que pasan sobre el centro poblado. Ser�a oportuno, tambi�n, que la Municipalidad asesorara al denunciante y lo ayudara a motorizar su denuncia, es decir, tuviera un rol activo en impedir que nos ba�en con agroqu�micos.

De ese modo, tal vez, David pueda mirar para arriba con un poco m�s de tranquilidad y Goliat no se crea tan supremo all� en las alturas.

Gracias ALE

El ejercicio de la homoparentalidad desde la adopción
6 de febrero de 2011 | Por Alejandro Viedma

Entrevista con el lic. Alejandro Viedma | Libertad Ramos Montes acaba de recibirse de psicóloga y para su trabajo final de la carrera en la UADE entrevistó al lic. Viedma. He aquí –con el permiso otorgado por la entrevistadora para publicar en AGMagazine- las preguntas y respuestas que recorren las temáticas de la aprobación del matrimonio igualitario en la Argentina, las familias homoparentales, la adopción de niños por parejas del mismo sexo, entre otras cuestiones.

1- ¿Qué reflexión podría hacer sobre la aprobación de la ley de matrimonio homosexual?

A. V.: Considero que fue un gran avance para toda la sociedad argentina (y latinoamericana) la aprobación del matrimonio igualitario. En nuestro país, la carrera hasta la promulgación de la ley hizo que las miles de personas que conforman el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) que en el pasado han tenido que duelar la posibilidad de su parentalidad son las que en los últimos meses –o hace años, en muchos casos- empezaron a soñarla y a llevarla adelante porque hay una ley que las ampara y una población que pudo por fin entender que lo principal para criar niños es el amor y no la orientación sexual o la identidad de género de los padres. Hay un antes y un después a partir del 15 de julio de 2010 en la Argentina porque lo jurídico ha producido una legalidad a aquello que por su ritmo sociocultural ha arribado en una norma, que es una lectura generalizada de un acontecimiento en crecimiento.

2- ¿Qué piensa en relación a la adopción en familias homoparentales, como posibilidad que se abre con la modificación de la legislación?

A. V.: Que estoy de acuerdo, ya que no existen condicionamientos psicológicos para que una pareja del mismo sexo pueda adoptar y criar niños. Fue vital que no se haya modificado en la ley de matrimonio el punto de la adopción, punto en carne viva, urticante, el que más pasiones despertó en el debate en torno a la modificación de la ley, algo capital, pues la adopción concierne a la filiación, a llevar un apellido y formar a alguien amándolo, hablándole, mirándolo, actos amorosos que no tienen que ver con quién lo hace sino desde dónde, cómo se sitúa el sujeto que lo hace. De esa manera se logró la igualdad, “los mismos derechos con los mismos nombres” (como desde el principio pregonó la Federación Argentina LGBT). En este sentido, nada en la actualidad proscribe a las lesbianas o a los gays argentinos de ser madres o padres en forma conjunta y además todos los miembros de esas familias homoparentales estarán protegidos legalmente, lo cual es fundamental.

3- ¿Cómo podría pensarse el hecho de que en estas familias falten las figuras madre-mujer y padre-hombre?

A. V.: Lo que hace falta es que se quiera, se desee, por ejemplo, al bebé a adoptar. Lo esencial es que el amor habite en estas familias, el amor como núcleo central y las ganas reales de tener un hijo. Las funciones materna y paterna no son exclusivas de una determinada anatomía, los roles no tienen carácter de fijeza; las funciones implicarán modos de relación y encuentro con el hijo. Las familias diversas introducen en el psicoanálisis la necesariedad de revisión de la teoría, como por ejemplo de la noción freudiana de complejo de Edipo. Desde la complejidad de esta temática de las familias homoparentales, es necesario el aporte de distintas definiciones porque el concepto de familia no es unívoco, por lo cual yo le doy la bienvenida a las contribuciones multidisciplinarias como las de la sociología, la antropología, los estudios de género, la teoría queer, el derecho, la medicina, etc. Entonces, retomando lo que decía anteriormente, creo que la diferencia sexual anatómica ya no es un dato excluyente en la parentalidad. Las funciones (materna) de sostén emocional (acompañamiento y protección) y (paterna) de terceridad (el que pone la ley, el corte, el que separa) son las que no tendrían que faltar en una familia, más allá del sexo biológico, la genitalidad de los que ejerzan la parentalidad.

4- ¿Podría considerarse idóneos a los hombres homosexuales en el desempeño de las labores de crianza?

A. V.: Sí, por lo que vengo diciendo. El buen desempeño paterno no tiene que ver con la orientación sexual y sí con la manera en la cual se ejerza el cuidado, el cariño, el respeto por la psiquis y el cuerpo del niño o niña criado/a.

5- ¿Cree que los padres homosexuales desempeñarían el rol parental de la misma manera que los padres heterosexuales? ¿En qué aspectos piensa que podrían aparecer las diferencias, y en cuáles las similitudes?

A. V.: En cuanto a mi experiencia clínica, no encontré diferencias significativas respecto a las parentalidades llevadas a cabo por homosexuales y heterosexuales. Hay excelentes padres gay tanto como heterosexuales y también padres hetero que no cumplen su función, como seguramente habrá padres gay que no se hacen cargo de su responsabilidad; cualquier diferencia o similitud se presentará según la singularidad de cada caso, pero no tendrá que ver con las “elecciones de objeto” de esos padres, por ende, tampoco hay garantías de que se cumplan las funciones de sostén y terceridad en la heterosexualidad. La función del analista, en el caso de atender a padres o futuros padres gay o madres lesbianas, será la de interrogar a qué lugar advendrá un hijo en esa pareja, no obstante, dicha interrogación será pertinente también en una pareja de personas de diferentes sexos.

6- ¿Qué consecuencias positivas, significativas para los niños, podría tener el hecho de ser criados en el seno de una familia homoparental?

A. V.: Que los niños tendrán un mayor aprecio y aceptación por la diversidad, una cierta libertad en su capacidad de elecciones, un abanico mayor de posibilidades de transitar la vida por captar la variedad de modelos y modos humanos, contar con esos padres y el sostén jurídico si llegaran a sufrir algún hostigamiento o discriminación; tener el poder de cortar con la cadena de clósets -de mentir o silenciar la homosexualidad- y así vivir y hablar con naturalidad el hecho de tener dos papás o dos mamás.

7- Y, ¿qué consecuencias negativas cree que podría traer aparejada esta situación?

A. V.: Lidiar con personas homofóbicas, con cierto contexto social que aún discrimina a las orientaciones sexuales e identidades de género contranormativas y, a partir de allí, agudiza su mirada para controlar a estas familias homoparentales. A algunos niños les podría surgir el miedo a que los demás se enteren de que sus padres son del mismo sexo, miedo al rechazo, por lo cual reproducirán el clóset, el ocultamiento.

8- En relación al discurso de ciertos sectores de la opinión pública que suponen que puedan surgir problemas de identidad en los niños, ¿qué podría decirnos respecto del tema?

A. V.: Que las lesbianas, los gays, las y los bisexuales y las y los trans fueron criados, hasta ahora y en su inmensa mayoría, por personas heterosexuales. Y si por “problemas de identidad” se refieren a no ser heterosexuales ya hay un prejuicio, porque desmienten el concepto de diversidad humana en general y sexual en particular.

9- ¿Podría pensarse en el surgimiento de problemáticas acerca de la inserción social del niño?

A. V.: Tal vez, pero ese niño tendrá, como mencioné, el apoyo, el acompañamiento, el aval y la palabra de sus padres y las leyes que defenderán al mismo, por ejemplo, en su escuela/colegio.

10- ¿Cree que la discriminación será una limitación significativa en cuanto al desarrollo y las relaciones sociales del niño?

A. V.: Dependerá de cada caso y de cada región geográfica de nuestro país, pero tengo el anhelo y la ilusión de que en el futuro, con una mayor confirmación de la existencia de estas familias dejando así de ser “novedosas” para la mayoría, la discriminación sea cada vez menor. Sobre todo durante el año pasado hubo un giro inmenso en la sociedad argentina, que adquirió formas para sortear las resistencias a hablar de estos temas y se logró un cambio epistemológico anteriormente impensado por muchos. Ese cambio está instalando la despatologización de las homosexualidades y la idea de que cualquier orientación sexual no es del orden de la elección –al menos consciente- y sí de la imposición, algo que se da “naturalmente”.

11- Dentro de la institución a la que pertenece, ¿pudo ver casos de adopción en familias homoparentales? ¿Qué podría contarnos de esto?

A. V.: Atiendo a parejas de homosexuales que, a partir de la aprobación del matrimonio igualitario, inician los trámites para la adopción de niños. Pero he atendido a varias familias diversas: parejas de personas del mismo sexo en las cuales una de ellas anteriormente fue padre o madre dentro de un matrimonio heterosexual y, en la actualidad, con su compañero/a homosexual siguen criando a ese/a niño/a o adolescente, o parejas de mujeres lesbianas que, apuntando a la co-maternidad, han recurrido a la fertilización asistida/inseminación artificial mucho antes de 2010, o de varones solteros gay que asistieron a los grupos de reflexión que coordino en Puerta Abierta y que hace algunos años adoptaron de manera individual y nunca en el proceso de adopción de esos chicos les han preguntado sobre su orientación sexual. En los casos de parejas de lesbianas y/o gays que están pensando en adoptar, justamente me parece que meditar sobre este proyecto es algo positivo y fundamental, es primordial que el deseo esté en medio de todo esto y que el acto de adoptar sea una elección producto de un proceso de tiempo, de reflexión, de búsqueda y que un hijo no arribe “por un descuido” o “por accidente” o que sea “algo que sucede y punto”, como les pasa a miles de padres heterosexuales. Es por todo esto que tal vez lo que angustie a determinada parte de la sociedad es que en la actualidad lo que se cuestione es la heteroparentalidad, que la familia “tradicional” ya no sea obligatoria ni el único modelo a alcanzar, el ideal exclusivo.
El entrevistado es licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión para varones gay. Para comunicarte con él escribe un comentario a continuación o entra en www.alejandroviedma08.blogspot.com