


Este es un Blog de San Pedro Provincia de Buenos Aires, que tiene por objeto compartir todo lo que nos pasa, nos gusta,nos disgusta y nos entretiene. Te proponemos que denuncies temas de discriminación, y recuerdes que el vih se llevó muchas vidas en nuestra ciudad, por eso la propuesta es que te cuides con todo el amor que puedas , por vos , por él y por todos.









Mi madre se va a molestar conmigo por decir esto, pero lo siento por ella: yo defiendo a los gays. Nada tiene de malo que dos personas de un mismo sexo se amen. Los gays han sufrido y todavía sufren una discriminación muy injusta. Yo los defiendo. Yo estoy con ellos. El amor es una maravilla y hay que celebrarlo siempre. Yo estoy a favor de que las personas sean felices y vivan el amor. La vida es una aventura incompleta si uno no encuentra nunca el amor. Y el amor tiene muchas manifestaciones, siendo el amor homosexual una de ellas. El amor entre dos personas de un mismo sexo es tan legítimo y respetable como el amor heterosexual. Algunas personas condenan a los gays. Es una pena. Los argumentos que usan para oponerse a los gays suelen ser los siguientes: la homosexualidad es antinatural; ofende a Dios; constituye une enfermedad que debe ser curada; amenaza con destruir a las familias; no es una expresión de amor sino de lujuria pervertida; atenta contra la reproducción de la especie; y es una desviación moral inaceptable. Todos esos argumentos son falsos. Ser gay es perfectamente natural. Alguna gente nace así. Lo natural es lo que ocurre sin forzar las cosas, en armonía con la naturaleza. Muchas personas, desde pequeñas, sienten una atracción natural por otras personas de su mismo sexo. Eso ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo. Yo tengo amigos gays. He conversado con ellos. Muchos se han sentido gays desde niños. Lo antinatural sería obligarlos a estar con una mujer, a violentar sus deseos. Si las mujeres no les gustan, ¿por qué los vamos a forzar a acostarse con ellas o a vivir en absoluta castidad? Eso sería una crueldad. Ellos también tienen derecho a ser felices y amar. Eso es lo natural. Ser gay no ofende a Dios. La iglesia católica dice que la tendencia homosexual no es un pecado pero que la práctica sí lo es. Es decir: que los gays deben reprimir su sexualidad y vivir en abstinencia. Según una carta oficial del Papa, la homosexualidad "es una conducta intrínsecamente mala desde el punto de vista moral" y los actos homosexuales "no forman parte de una vida afectiva complementaria y sexualmente auténtica". Con todo respeto, no estoy de acuerdo con su santidad. Dios quiere que seamos felices y vivamos el amor. Dios es amor. Si dos personas se aman y son felices, honran a Dios y a la vida misma. Dios ha creado también a los gays y ellos tienen derecho a ser felices y amar a su manera. No es verdad que una pareja gay no pueda ser plenamente feliz. Hay muchísimos casos que confirman que los gays pueden vivir un amor de pareja tan complementario y auténtico como el de las parejas heterosexuales. Los gays no están enfermos. Hace ya mucho tiempo que los médicos dejaron de considerar a la homosexualidad como una enfermedad. No sabemos si las personas nacen gays o se hacen gays. Yo creo que algunas nacen y otras se hacen. Pero eso da igual. Lo importante es que hay personas gays y que ellas son felices así. ¿Por qué deberían cambiar? Eso es un disparate. Nadie debería cambiar su manera natural de ser, de vivir, de expresar el amor, siempre que así sea feliz y no le haga daño a nadie. Que cambien los que quieran, los que no se sientan cómodos con su tendencia gay; y que no cambien los que son felices siendo gays. Pero es absurdo pedirles a los gays que se curen porque están enfermos. Los gays no están enfermos: están muy sanos y casi todos muy contentos. Ser gay no amenaza a las familias ni a nadie. Si tratamos a los gays con cariño, ninguna familia se va a destruir. Lo que destruye a las familias es la mentira, la hipocresía, la duplicidad moral. Lo que hace daño es que los gays se escondan bajo el manto protector de una familia heterosexual, sólo para salvar las apariencias, y que lleven una vida homosexual clandestina y avergonzada. Eso sí es inmoral y suele hacer daño. Pero que los gays puedan vivir libres y felices, ¿qué daño hace a las familias heterosexuales? Ninguno. Que aceptemos que los gays existen y tienen derecho a ser felices no hará que más o menos personas sean gays. Ninguna persona heterosexual se va a convertir en gay sólo por tener amigos gays y tratarlos con cariño. No hay que tenerle miedo a la diversidad. Viva la diferencia. Los gays no son pervertidos o promiscuos por naturaleza. Hay gays pervertidos y promiscuos como hay heterosexuales pervertidos y promiscuos. Ser gay no hace a una persona mejor o peor. Yo conozco gays cultos, sensibles y encantadores, y también conozco gays ignorantes, vulgares y detestables. El hecho mismo de ser gay no define el contenido moral de una persona, su conducta y sus valores. Es perfectamente posible que una mujer o un hombre gay lleve una vida decente y admirable. Nadie está condenado a ninguna perversión sólo por sentir deseos hacia una persona de su mismo sexo, así como nadie está a salvo de llevar una vida sexual impresentable sólo por sentir una atracción hacia el sexo opuesto. La sexualidad debería ser idealmente una expresión del amor. Y la relación ideal de pareja, gay o straight, debería ser una en la que no haya mentiras ni infidelidades. Dentro de eso, cabe todo en el amor: lo único que importa es que las personas adultas se amen, sean felices, no se mientan y no le hagan daño a nadie. Es cierto que algunos gays son muy promiscuos, pero eso parecería ser una consecuencia de que viven su sexualidad a escondidas, con vergüenza. Cuando una persona gay se atreve a vivir su sexualidad libremente, sin complejos, lo sano -casi diría lo natural- es que aspire a una relación de pareja y no a una vida promiscua. Pero, por último, si una persona quiere tener una vida sexual muy activa y acostarse con mucha gente, es problema de ella. Eso no depende de su identidad sexual sino de su moral personal. La humanidad no va a desaparecer si aprendemos a tratar con cariño a los gays. Los heterosexuales continuarán siendo la mayoría. La gente seguirá teniendo hijos. Es absurdo pensar que si dejamos de discriminar y humillar a los gays, si empezamos a tratarlos simplemente como a personas normales, todos nos vamos a convertir en gays y la especie se extinguirá en unas décadas. Lo normal y natural es que nazcan más heterosexuales que homosexuales, y eso no va cambiar si aprendemos a ser tolerantes y justos con los gays. Por último, ser gay no es inmoral. ¿En nombre de qué moral se condena la homosexualidad? Yo no acepto que mi sentido de la moral, de lo que está bien y lo que está mal, me lo dicten otras personas. Cada uno sabe, en el fondo de su corazón y su conciencia, lo que está bien y lo que está mal. Y yo honestamente creo que es inmoral decirle a una persona homosexual que no puede expresar sus sentimientos, que debe renunciar al amor, que debe vivir una vida amargada, reprimida, avergonzada. Yo creo que es inmoral condenar a alguien a la infelicidad en nombre de una moral intolerante y cruel. Lo inmoral no es ser gay: lo inmoral es despreciar a los gays y negarles la posibilidad del amor. Lamento discrepar con mi madre en este tema. Yo la quiero muchísimo pero también defiendo, respeto y quiero a los gays. Allí radica, querida mamá, el gran desafío del amor: aprender a querernos a pesar de nuestras diferencias.

San Sebastián: santo patrono de la comunidad gay
Rebelde en el Imperio Romano, mártir del cristianismo, modelo de belleza masculina y musa pecaminosa para monjas, e icono gay
| | (Página 12)María Gainza .- Desde hace más de quince siglos, la figura de San Sebastián viene siendo revisitada una y otra vez. |
Es el nombre de la muestra de arte gay que se inauguró en España. San Agustín, Alejandro Magno o Leonardo Da Vinci son algunos de los personajes incluidos en la exposición.
La muestra, que estará abierta en
Esta iniciativa pretende contribuir a informar y normalizar la homosexualidad en el mundo actual, además de «recuperar el recuerdo» de algunos hombres y mujeres «devolviendo a sus biografías la historia, tantas veces olvidada, de su sexualidad».
La exposición recoge desde figuras anteriores a Cristo, como el conquistador Alejandro Magno o el pensador Sócrates, hasta personajes del siglo IV como San Agustín o famosos de los siglos XVI y XVI como Miguel Ángel o Catalina de Erauso, sin olvidar otros más contemporáneos como
Entre todos ellos, llama la atención que se haya incluido el padre fundador de la Iglesia católica, quien, según consta en el panel que le dedica la muestra, reconoció en su obra "Confesiones" referencias «implícitas» a los amores homosexuales que supuestamente vivió antes a su conversión y el desarrollo de sus ideas religiosas.
Leido en Magazine,
La depresión, plaga gay no reconocida
Acostumbrados a tener al SIDA como bandera de las desdichas que nos acosan, los gays hemos desviado nuestra atención de los males circundantes hacia aquel que se presenta como el mayor interruptor de nuestras vidas. Rara vez reconocemos los problemas de la vida diaria que obstaculizan nuestro realizarnos en el mundo. Los polos que la comunidad homosexual y el mundo entero manejan con respecto a nosotros oscilan dentro del más alto radicalismo... del enfermo terminal de SIDA pasamos a la figura del sujeto suelto de huesos que deja las represiones en el ropero y vive - literalmente -, la vida loca. El rango intermedio es enorme, sin embargo. Y el estereotipo de la vida suelta de huesos es una tosca idealización de un patrón de felicidad que las estadísticas niegan.
¿Pruebas?
Los gays sufrimos una desproporcionada tendencia a la depresión que nadie se atreve a conceder. Un estudio realizado dentro de un universo estadístico de 4000 personas entre 17 y 39 años revela que un 20% de los homosexuales entrevistados había intentado suicidarse - contra un 3.5% de los heterosexuales.
Otra más. Un estudio más amplio reveló que el 7.3% de la población gay intenta, por lo menos en cuatro ocasiones, quitarse la vida - contra un proporcional 1% de heterosexuales.
Los homosexuales calamos alto en la lista de desórdenes depresivos. Los gays sufrimos más depresión que el resto; más ataques de pánico, mayor abuso de sustancias, y más tendencia al suicidio. Los gays somos más propensos al rechazo familiar y, claro, al rechazo social. Tenemos más problemas de adaptación al medio. Siguiendo esta línea, estamos más proclives a abandonar los estudios y los ámbitos laborales, a entrar en relaciones de corto plazo, a contraer enfermedades sexuales, y a tener dificultades en mantener una relación duradera y satisfactoria.
Este es el terreno previo a todo contagio del virus del SIDA. Una vez adquirido el contagio, los problemas inevitablemente se exacerban.
¿De dónde sale este universo de desórdenes de ánimo, de problemas de ajuste, de dificultades interpersonales? Richard C. Friedman y Jennifer Downey, equipo de psicólogos dedicado al estudio de la depresión dentro de la población homosexual, barajan una serie de hipótesis al respecto. En sus libros (altamente sugerentes), "Homofobia Internalizada y Reacción Terapéutica Negativa" y "Homofobia Interna y Autoestima Genérica en Pacientes Homosexuales"; su sugerencia apunta a problemas que retrotraen hacia la infancia.
Es alrededor de los 6 y 7 años, cuando todavía la sexualidad se halla en un estadio de desarrollo y la persona no puede aún ubicarse como homosexual, que la internalización de un objeto externo agresivo y homofóbico comienza a instalarse en la psiquis. "Antes de ser sexualmente activos, muchos niños son rotulados con ofensivos títulos, tales como los de "maricón", "rosquete", etc." Demasiado temprano y con demasiada intensidad, los gays aprenden de cerca lo que significa el terror, el odio y el desprecio - lecciones de vida que nunca olvidan, y que constituyen una suerte de pilares de una estructura de auto-devaluación que se afirma con los años.
Se arma así un enfermizo círculo vicioso. Muchachos hostigados por no mostrar la exigente cuota de masculinidad, por ser demasiado artísticos, románticos, glamorosos, intelectuales; y poco diestros en el deporte, en las artes de la pelea y la defensa; internalizan una imagen suya devaluadora que luego arrastran consigo. La homofobia externa, manifestada con violencia (muchos sufren ataques físicos y no sólo verbales), se transforma poco a poco en un ente ideal que bombardea nuestro estima propio - y que se extiende hacia toda manifestación similar en el otro. Surge así el extraño fenómeno de homosexuales marginando a otros homosexuales; alejándose de ellos, matando sus pulgas sobre otros blancos más débiles que reflejan precisamente aquello que poseen y que no soportan en ellos mismos.
La familia es un factor crucial para combatir este proceso de auto destrucción de la identidad. Sin una familia que dé soporte, que llene el vacío de seguridad que los pares se encargan de aniquilar, el homosexual no tiene dónde encontrar un refugio dónde limpiarse las heces que le caen. Los pacientes gays, comentan Friedman y Downey, generalmente profesan, en relaciones terapéuticas prolongadas, creencias de que sus padres los odian por el hecho de ser homosexuales. Lo peor de todo es que tienen muchas veces razón. Un estudio del semanario New Yorker mostró que un tercio de la población entrevistada prefería tener hijos heterosexuales, insatisfechos con su matrimonio y con su vida; que hijos homosexuales felizmente emparejados con una vida estable y adecuada. Muchos padres ven en la homosexualidad de sus hijos un castigo hacia ellos mismos; un asunto de identidad que no atañe a sus críos sino más bien a ellos mismos.
Todo este andamiaje negativo no puede sino resultar en conductas futuras nefastas. Si uno no se tiene como ser humano viable y respetable, sus acciones revelarán que precisamente nada de lo que haga o se plantee hacer es respetable o viable. De ahí las drogas, el suicidio, la promiscuidad, y demás manifestaciones del bajo autoestima.
Pero el problema no se soluciona con una reforma de lo social. Es, evidentemente, la solución para el futuro; pero para el presente, la homofobia ya está dentro de uno y el trabajo tiene que ir de afuera hacia adentro. Friedman y Downey apuntan, así, a señalar que el trabajo de limpieza de las experiencias infantiles traumáticas en los homosexuales es posible dentro de un patrón de integración a un ambiente gay. Un contexto homosexual positivo es el único medio para la recuperación de la seguridad personal, del autoestima, de la integración de la identidad, y del amor. El lenguaje defensivo del gay PRIDE aparece, sin embargo, como una prolongación violenta de esta homofobia que todos llevamos dentro. Los contextos positivos se hallan más bien en lenguajes donde el ser gay pase al plano de lo accidental y las demás cualidades y talentos de la persona encuentren su espacio de maduración y desarrollo. La normalidad necesaria no se encuentra ni en familias o escuelas intolerantes, ni en histéricos activismos gays.
Publicado por San Pedro Gay en 5:20